Colombia debe contarse acá adentro y allá afuera como ha sido y como es. Hay que aceptarlo.

Esa Colombia no solo desprecia el mundo, sino que luego le exige respeto. El pasado martes 13, temible, según el mito, porque un día así empezó el desencuentro de las lenguas en la torre de Babel, la Vicepresidenta de la república se permitió jurar ante el Consejo de Seguridad de la ONU –en un habla más cercana a la mitomanía que a la diplomacia– que el estallido social que se vio en vivo y en directo por las redes fue causado por la pandemia y fue brutalmente reprimido por unas “minorías de infiltrados”. Qué vergüenza dio oírla: afirmó haberle cumplido “con creces” al acuerdo de paz, y exportó la idea de que “hay gente que quiere llegar al poder destruyendo el sistema”, y en el momento más extraño de su intervención, el pico de un mal sueño, insistió en que este gobierno apoya la protesta contra este gobierno –quién no– como si allá afuera y acá adentro nadie se enterara de nada.

Por:Ricardo Silva Romero 15 de julio 2021 , 09:25 p. m.

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